El reglamento de la Denominación de Origen de Cabrales cumple estos días sus primeros 25 años. La aprobación de esa normativa supuso que cayeran algunas tópicos, como que las hojas de plágano como envoltorio y que el mejor queso era el que tenía gusanos, según informa La Nueva España.
Para este queso se utilizan las leches de vaca, oveja y cabra.
Desde la aprobación del reglamento que regula su producción, el queso Cabrales inicia una evolución imparable. El contraetiquetado se implanta sobre una producción de quesos tradicionales, entre los 2,5 y los 3 kilos de peso, frente al formato de queso pequeño que se está imponiendo en estos últimos años cediendo a los imperativos del mercado. Una de las herramientas para fijar las pautas de elaboración que exigía la DOP fueron las inspecciones quesería por quesería. Más tarde llegarían las auditorias de calidad.
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