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La resistencia antihelmíntica de los nematodos gastrointestinales es uno de los factores de riesgo económicos más importantes en los sistemas de rumiantes de pastoreo en todo el mundo. Por esa razón, un estudio realizado en Hungría y publicado en la prestigiosa revista científica Small Ruminant Research confirma la presencia al benzimidazol en el gusano ‘Haemonchus contortus’, presente en el ganado ovino y en la fauna silvestre del país magiar.

Además, los resultados de estas resistencias sugieren que la convivencia entre los rebaños extensivos de ovejas y la fauna silvestre puede provocar la propagación de las resistencias entre diferentes ámbitos.

 

El artículo está firmado por Gábor Nagy, Ágnes Csivincsik, László Sugár y Attila Zsolnai.

Un verdadero dolor de cabeza para las autoridades de salud pública se está constituyendo la resistencia a los antimicrobianos, medicamentos que desempeñan un papel fundamental en el tratamiento de enfermedades y su uso es vital para proteger tanto la salud humana como la animal. El uso indebido y abusivo de estas sustancias para tratar y prevenir enfermedades en el sector ganadero provoca un riesgo creciente de aparición y propagación de microorganismos resistentes a los antimicrobianos.

En los animales se utilizan hoy en día 27 clases diferentes de antimicrobianos. El mercado mundial de sanidad animal tenía un valor equivalente a 25 mil millones de dólares americanos en 2014 (según cifras dadas a conocer por la OCDE).

A pesar de este importante volumen, la OMS (Organización Mundial de Salud Animal) asegura que sólo 42 países tienen un sistema para recopilar datos sobre el uso de antimicrobianos en el ganado (OIE). Y falta una metodología de trabajo conjunta y homologable, por lo que no hay datos normalizados sobre el uso mundial de sustancias antimicrobianas en el ganado.

En estos momentos, el problema principal radica la ingesta de alimentos contaminados con microorganismos resistentes a los antimicrobianos.

Amenaza grave

El riesgo parece ser especialmente elevado en países en los que la legislación, la vigilancia normativa y los sistemas de seguimiento son insuficientes o inadecuados. Ésta es la razón por la cual la FAO está desempeñando un papel clave en apoyar a los gobiernos, productores, comerciantes y otras partes interesadas para adoptar medidas que minimicen el uso de este tipo de medicamentos y prevenir el desarrollo de la resistencia a éstos. En este sentido, la organización insta a la adopción de un enfoque de “Una salud” y “Cadena alimentaria” y está abordando la resistencia a los antimicrobianos como un asunto intersectorial porque las sustancias: 1) Pueden propagarse a través de nuestros alimentos; 2) Se utilizan habitualmente en la producción acuícola y ganadera; y 3) Se utilizan en la producción agrícola, de forma específica los antifúngicos.

De hecho, en la 39ª reunión de la conferencia de la FAO realizada el año pasado, se hizo un llamado a la acción urgente, tanto a nivel nacional e internacional para responder a la creciente amenaza de los patógenos resistentes a los antibióticos en los sistemas de producción de alimentos del mundo (tanto terrestres como acuáticos). Para tener una idea más clara de la magnitud del rompecabezas, en la resolución 4/2015 que se emitió como parte del informe de dicha conferencia, se especifica que la resistencia a los antimicrobianos es una amenaza grave para la salud pública y la producción sostenible de alimentos que requiere una respuesta que incluye todos los sectores de gobierno y sociedad.

Necesario sumar esfuerzos

En el mismo documento se insta a “aumentar la concientización, el compromiso y el liderazgo políticos para garantizar la continuidad del acceso a medicamentos antimicrobianos mediante el uso prudente y responsable de los mismos en la actividad agrícola y ganadera”.

Se pidió a la FAO apoyar los esfuerzos regionales, nacionales y locales relacionados a través de la creación de capacidad, transferencia de tecnología y el intercambio de conocimientos de trabajo, así como profundizar su colaboración en este esfuerzo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), centrándose la ayuda en los países con bajos ingresos a desarrollar la capacidad de responder a este desafío global.

Es preciso apuntar, que la FAO tiene un papel único en el apoyo a los productores y otros actores en los sistemas alimentarios para abordar los riesgos de la resistencia a los antimicrobianos, actualmente coordinado entre varias divisiones técnicas - producción animal y salud, pesca y la producción de acuicultura, seguridad alimentaria -, así como a través de la Secretaría del Codex Alimentarius, un esfuerzo conjunto entre la FAO y la OMS que establece las normas y directrices de seguridad alimentaria y contiene un código de prácticas encaminadas a minimizar la resistencia a los antimicrobianos.

Ayuda a países

La FAO ayuda a los países en la aplicación de los textos del Codex y promover el uso prudente y responsable de este tipo de productos en el sector agropecuario, alentando a los productores a adoptar una buena ganadería y gestión de la salud, así como las prácticas de bioseguridad para reducir la necesidad de medicamentos antimicrobianos en la producción animal.

 

Para prevenir la resistencia la FAO ayuda a los países a desarrollar y promover los siguientes aspectos: 1) Buenas prácticas de higiene para controlar la propagación de la resistencia a través de los alimentos; 2) Atención al riesgo de resistencia a los antimicrobianos en el Codex Alimentarius; 3) Cría eficiente de ganado para contar con animales más saludables y productivos; 4) Directrices para la utilización moderada de los productos en la acuicultura; 5) Buenas prácticas de gestión y salud animal, incluyendo la mejora de la bioseguridad y el uso de vacunas en lugar de medicamentos antimicrobianos; 6) Políticas y capacidades para el uso responsable de sustancias antimicrobianas; y 7) Enfoques de gestión sanitaria que reconozcan los vínculos entre animales, seres humanos y ecosistemas. En suma, finaliza diciendo la FAO, estas medidas ayudan a retrasar el desarrollo y la expansión de la resistencia a los medicamentos veterinarios esenciales.

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Se suele equiparar el término bacteria con infecciones o enfermedades, pero no todas las bacterias son malas. Dentro de las que son beneficiosas para el ser humano se encuentran las bacterias ácido-lácticas (BAL). Estas constituyen un grupo de microorganismos benignos que fabrican ácido láctico a partir de la fermentación de azúcares. Por esta característica se utilizan desde hace más de 4.000 años en la producción de productos lácteos fermentados, como yogur o queso, entre otros, según publica la agencia Dicyt.

Las BAL desencadenan un proceso microbiano en el que transforman la lactosa -el azúcar de la leche- en ácido láctico. Este ácido modifica la estructura de las proteínas de la leche logrando que cuajen y ocurra lo mismo con la textura del producto. Además, le aportan a la leche fermentada el sabor ligeramente agrio característico. Está comprobado, además, que estos microorganismos ejercen efectos benéficos para la salud de quienes los consumen, complementándose con las bacterias presentes en la flora intestinal y contribuyendo así al buen funcionamiento del sistema digestivo. Por este motivo son muy importantes para la industria láctea en el marco de un interés cada vez mayor en el mercado de productos probióticos.

Sin embargo, estas ‘bacterias buenas’ tienen un enemigo: los bacteriófagos, que son virus que las afectan. Un equipo de investigadores del Instituto de Lactología Industrial (Inlain, Conicet-Unl) de Argentina, liderado por Andrea Quiberoni, investigadora independiente del Conicet, trabaja con industrias lácteas de todo el país en la detección y estrategias tecnológicas para reducir sus efectos.

“Son los malos de la película, los enemigos acérrimos de la industria. Como todos los virus, necesitan de una célula hospedadora sensible a la cual infectan y dentro de la cual desarrollan su progenie, utilizando toda la maquinaria biosintética y material genético de esa bacteria. Como consecuencia, estos nuevos viriones infectan a las bacterias vecinas que se desarrollan en el mismo medio. ¿Cuál es el origen de los fagos? Como todos los virus, están en el ambiente y la principal vía de ingreso de fagos a la planta es la materia prima. Los grandes volúmenes de leche cruda son la vía de ingreso: contienen bacterias lácticas salvajes y sus fagos específicos. Por esta razón, como desafortunadamente su presencia no puede evitarse los esfuerzos de los científicos están puestos en controlarlos en lugar de eliminarlos”, explica Quiberoni.

En este sentido, la investigadora advierte que cuando la bacteria es atacada por un bacteriófago es destruida: no hay acidificación, no hay descenso de pH y por lo tanto se produce una falla en la fermentación, por lo que se obtienen productos de baja calidad no son seguros desde el punto de vista microbiológico porque pueden contener microorganismos contaminantes y/o patógenos que ya no tienen competencia de las bacterias lácticas que protegen el producto. De esta manera, la industria láctea se convierte en víctima de gravísimas pérdidas económicas derivadas de esas fallas.

Mañana 13 de noviembre de 2013 sale de imprenta un nuevo número de la revista PR-Tierras Ovino, que incluye una interesante monografía sobre diarreas en corderos. Es el mejor trabajo que se ha hecho en los últimos años sobre esta materia y ha sido coordinado por Delia Lacasta y Juan José Ramos. A modo de presentación del contenido de este estudio se incluye el editorial que acompaña su publicación en la revista y que ha sido redactado por Juan José Ramos.

Las vacunas ayudan a hombres y animales a protegerse contra multitud de enfermedades infecciosas. De la importancia de las vacunas para mejorar el sistema inmunitario y prevenir enfermedades potencialmente graves se habla estos días en las Jornadas sobre Vacunas y Vacunación organizadas por la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León. El catedrático del Departamento de Sanidad Animal de la Universidad de León, Elías Rodríguez Ferri, experto en Microbiología e Inmunología, repasa en una entrevista a la agencia Dicyt la actualidad en el mundo de la vacunación.

“En los últimos años ya no solamente se buscan antígenos vacunales derivados directamente del agente atenuado, sino que se secuencia el gen que codifica para una proteína o un antígeno de interés, se expresa, se purifica y se utiliza en exclusiva. Ya no se utiliza al agente, sino a una parte de ese agente preparada de forma artificial. También se trabaja en aplicar la ingeniería genética para obtener mutantes que estén desprovistos de patogenicidad pero que sean estables. Lo que hace la ingeniería genética es o bien obtener mutantes estables mediante manipulación genética, o bien obtener esas partes pequeñísimas que son proteínas puras o incluso fracciones proteicas en las que reside exclusivamente la capacidad para inmunizar y da lugar a una inmunidad protectora. Es lo que se conoce como vacunas de subunidades que despues derivan en muchas direcciones. Si el péptido antigénico o el polisacárido inmunógeno es buen inmunógeno pero carece de suficiente tamaño, lo que se hace es conjugarlo con una proteína portadora que le da las propiedades de las que carece. Muchas vacunas humanas están preparadas así y lo mismo sucede en veterinaria”, explica.

“Luego hay vacunas de última generación en las que se están explorando procedimientos nuevos. Por ejemplo se hacen plataformas artificiales que contienen el antígeno de interés y que están desprovistas totalmente de cualquier elemento de riesgo. Incluso no solo se vacuna con proteínas o con otros principios inmediatos como los polisacáridos, si no que se vacuna directamente con el material genético, lo que roza casi la ciencia ficción. Se vacuna con el gen para que se exprese con el propio organismo con el que se está vacunando y genere una inmunidad protectora”, afirma.

 

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