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Seminario 3: ‘Nuevo modelo sanitario en el ovino español (I): nuevas alternativas frente a parásitos en ovino y caprino’

La importancia de la desparasitación en lactación

María Martínez Valladares

Investigadora del Instituto de Ganadería de Montaña (centro mixto CSIC-Universidad de León)

13/10/2021
Los parásitos helmintos se dividen en tres grandes grupos en función de su morfología: trematodos, cestodos y nematodos. Los trematodos y los cestodos son parásitos que están aplanados, con la diferencia de que el cuerpo de los trematodos está sin segmentar, mientras que los cestodos están divididos. Por su parte, los nematodos son los parásitos que coloquialmente se denominan ‘gusanos redondos’.
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Las fases de vida libre de los helmintos están presentes en el medio ambiente. En función de las características climatológicas de la zona, estarán más presentes unos tipos u otros, aunque también influyen otros factores como la cercanía de agua o la humedad, que pueden favorecer determinados ciclos biológicos. Por lo tanto, los animales que se infectan son los que se encuentran pastando, por lo que las cargas parasitarias son muy bajas o prácticamente nulas en el caso del intensivo.

Enfermedades parasitarias

Los parásitos presentan una acción patógena por el mero hecho de estar dentro de los hospedadores, que puede ser mecánica (por la simple cuestión de migrar por los órganos del hospedador), irritativa, nutricional (al alimentarse de los nutrientes del hospedador y en algunos casos de la sangre del animal) y tóxica o alérgica (eliminan productos de excreción que pueden suponer una reacción).

Los perjuicios directos que pueden observarse son enfermedades con signos clínicos. En ocasiones se tendrá que sacrificar al animal por el deterioro del estado general de salud. También puede haber decomisos de órganos que no pueden entrar a la cadena alimentaria, lo que provoca pérdidas productivas.

También hay una serie de perjuicios indirectos, que pueden pasar más desapercibidos si no son analizados, como un menor crecimiento de los animales jóvenes, un menor desarrollo y un descenso del rendimiento productivo.

Los parásitos helmintos no suelen causar la muerte del animal hospedador, a no ser que las cargas parasitarias sean muy altas, pero sí se pueden observar signos clínicos como adelgazamiento, diarreas, anemia y una menor producción de leche.

La red europea Combar (Combating Antihelmintic Resistance in Ruminants) realizó un análisis en el que se estimaron las pérdidas económicas de las infecciones por helmintos en toda Europa. La cantidad total de pérdidas en todos los sectores ronda los 2.000 millones de euros, según estas estimaciones. Las pérdidas en ovejas de leche rondan los 151 millones de euros, mientras en ovejas de carne son 206 millones y unos 86 millones de euros en cabras de leche.

Además, se ha estimado que las infecciones por helmintos producen unas pérdidas de peso entre el 10% y el 47%, mientras que la producción de leche se reduce entre el 9% y el 40%. Estos rangos son muy amplios por la gran variabilidad entre las explotaciones y los sistemas productivos nacionales.

Debido a su creciente importancia, el Internacional Research Consortium on Animal Health (Star-Idaz) ha incluido recientemente entre los temas prioritarios de investigación a nivel mundial para mejorar la sanidad y el bienestar animal, el control de las infecciones por parásitos helmintos. No sólo se ha tenido en cuenta esta problemática, sino también la resistencia antihelmíntica.

Nematodos gastrointestinales en ovino

El ciclo biológico de los nematodos gastrointestinales se inicia cuando los animales que están pastando ingieren con la hierba las larvas de los nematodos, llegan al tracto gastrointestinal (abomaso o intestino delgado en función de la especie parasitaria) y las larvas evolucionan hasta el estado de adulto. A través de una reproducción sexual entre machos y hembras, las hembras comienzan a producir huevos que se eliminan con heces al pasto. Por lo tanto, el método diagnóstico más sencillo es confirmar la presencia de huevos en las heces. Dentro del huevo se desarrolla una larva y, si las condiciones son favorables, el huevo eclosiona y la larva 1 sale al medio donde se desarrolla hasta larva 3, para ser ingerida de nuevo por el hospedador, cerrando el ciclo biológico.

El medio ambiente influye en la prevalencia de infecciones por nematodos gastrointestinales. En un análisis realizado en el Instituto de Ganadería de Montaña (centro mixto CSIC – Universidad de León) se tomaron datos de los huevos recogidos en diferentes explotaciones y se relacionaron con parámetros climáticos. Se observó que hay un parámetro que está directamente relacionado, que es la humedad en el ambiente, que favorece el desarrollo de las larvas en el pasto, por lo que aumenta la probabilidad de que se infecten los animales que están en el pasto. Además, se comprobó que la radiación solar disminuye la viabilidad de las larvas, dando lugar a una menor eliminación de huevos en los animales, como ocurre en los meses de verano.

En el ganado ovino se produce un fenómeno que es la “elevación periparto” de la eliminación de huevos en heces. Cuando tiene lugar la paridera el número de huevos en heces que excretan los animales infectados es mayor de lo normal. Por el hecho de estar preñadas, la respuesta inmunitaria disminuye y la probabilidad de que estos animales se infecten durante el pastoreo será mucho mayor. Esta época coincide con la primavera. Estos huevos que están en las praderas, debido a un leve aumento de las temperaturas en primavera y a una mayor humedad, se favorece el desarrollo de las larvas en el medio ambiente. Por lo tanto, en esta época del año es muy importante desparasitar de forma adecuada a los animales, tanto a las madres como a la recría que está comenzando a salir al pasto por primera vez. Se trata de un aspecto fundamental, porque la recría no ha estado expuesta anteriormente a parásitos y se va a encontrar con una situación en la que en el medio ambiente habrá un número de larvas muy superior a otras épocas del año. Cuando llega el verano, en este modelo que puede asimilarse a las características climáticas de las provincias del norte de España, las temperaturas altas y una mayor radicación solar disminuyen la viabilidad de las larvas. En el otoño de nuevo se favorece su presencia.

Antihelmínticos y resistencias

Los fármacos antihelmínticos que más se utilizan pertenecen a la familia de los benzimidazol-carbamatos, como el albendazol. También se dispone de imidazotiazoles, como es el caso del levamisol, que no se está utilizando tanto como hace unos años. Lo que sí se utiliza frente a helmintos y ectoparásitos son las lactonas macrocíclicas, que se dividen en avermectinas (ivermectina) y milbemicinas (moxidectina). En España no se han comercializado dos nuevas moléculas como el monepantel y derquantel, pero ya están siendo comercializadas en otros países como Nueva Zelanda, Australia o Reino Unido.

El uso abusivo de estos fármacos ha dado lugar a lo que se conoce como resistencia antihelmíntica. En un plazo entre cuatro y nueve años, aparecen las primeras resistencias documentadas a esos antihelmínticos. Son moléculas tan potentes y eficaces que el hecho de que aparezcan resistencias es cuestión de tiempo si no se utilizan bien estos productos.

En España, a día de hoy, hay disponibles en el mercado benzimidazoles, lactonas macrocíclicas y análogos del hexaclorofeno, ente otros. Si en una explotación aparece una resistencia a un fármaco, lo más normal es que también sea resistente a otros productos de la misma familia. La resistencia está presente en el genoma de los parásitos y, por lo tanto, se hereda. A día de hoy, aunque en el vademécum aparezcan muchos nombres comerciales, en realidad no tenemos tantos fármacos contra los nematodos. Hay que tener en cuenta que además cada fármaco dispone de un tiempo de espera determinado e incluso algunos no pueden usarse en animales de producción de leche. Afortunadamente, se cuenta con una nueva molécula como la eprinomectina, con un periodo de 0 horas en leche.

La resistencia antihelmíntica se desarrolla por una inadecuada utilización de fármacos. Un factor influyente es la frecuencia del tratamiento. Cuantas más veces se desparasite, más probabilidades hay de que aparezcan las resistencias. Sin embargo, el factor más importante es la subdosificación. El tratamiento debe relacionarse con el peso de los animales, pero no es viable pesar a todos los animales y aplicar una dosis a cada uno. Pero en lugar de hacer una medición visual, se debería seleccionar a los animales más grandes del rebaño y fijar la dosis para el animal que tenga el mayor peso. Esa dosis se podría administrar al resto del rebaño, ya que los antihelmínticos son productos seguros. También se deben tener en cuenta las especies de helmintos, ya que hay fármacos que son eficaces ante varias especies de helmintos, pero las dosis son diferentes. Si no se hace un diagnóstico cropológico correcto, se puede obviar la infección por otros parásitos, como Fasciola hepatica. También influye la falta de alternancia en los tratamientos en familias de antihelmínticos. Si se desparasita dos veces al año, lo recomendable es que se hicieran con fármacos de familias diferentes. Por último, hay que considerar la importación de resistencias con animales nuevos en el rebaño, por lo que éstos deben cumplir una cuarentena y ser sometidos a un análisis coprológico. Es por ello que se debería comprobar la eficacia de un tratamiento para evitar la importación de la resistencia.

Para retrasar o evitar las resistencias antihelmínticas, se pueden seguir una serie de recomendaciones: no usar un antihelmíntico si hay sospecha de resistencia, administrar la dosis correcta, comprobar que funcionan correctamente las pistolas dosificadoras, pesar al animal más grande, rotar los fármacos antihelmínticos, hacer cuarentena, coprología y desparasitación a los animales nuevos, aplicar un tratamiento según la necesidad real y reducir el número de tratamientos. Todo ello pasa por realizar un diagnóstico correcto. La coprología es un método de diagnóstico sencillo y barato.

Los casos de resistencia en Europa en el caso de los rumiantes se han descrito en todo el continente. Además, en Australia es un problema también importante. Una situación muy parecida también se encuentra en Estados Unidos.

En España, dentro de la red COMBAR, se está trabajando en este aspecto, desarrollando nuevos métodos de diagnóstico como inmunológicos, aplicando nuevas medidas de manejo en la granja y estudiando los factores socio-económicos que están relacionados con el uso de los fármacos. Los niveles de resistencia en la zona de la provincia de León en ganado ovino se situaban ya en el 13% de resistencias ante los benzimidazoles antes del año 2000, que se ha ido incrementando a lo largo del tiempo con los últimos datos del 34% del año 2016. Por lo que respecta a las lactonas macrocíclicas, se estima que un 27% de las explotaciones son resistentes. Además, es llamativo que en apenas una década se haya pasado de un 7% de explotaciones que son resistentes a más de un fármaco al 27%. En ganado vacuno, la situación no es grave porque no se hacen tantas desparasitaciones pero el 60% de las explotaciones de vacuno presentaban resistencias a las lactonas macrocíclicas.

Para detectar las resistencias, se utilizan métodos como el ensayo de reducción de huevos en heces. Se trata de realizar una coprología el mismo día que se realiza un tratamiento antihelmíntico, determinando la carga parasitaria. A los 14 días se vuelve a hacer una recogida individualizada de heces y, mediante el recuento de huevos, se determina si el fármaco ha sido eficaz. Si la reducción de los huevos ha sido menor al 90%, se puede determinar que existe una resistencia, mientras que, si está entre el 90% y el 95%, existe una sospecha de resistencia.

Al margen de este método in vivo, se ha desarrollado desde el Instituto de Ganadería de Montaña (centro mixto CSIC-Universidad de León), un método in vitro para detectar las resistencias frente a benzimidazoles y lactonas macrocíclicas. Es un ensayo en el que el veterinario va a la granja en una ocasión, recoge las heces de los animales, se guardan en un bote y este bote se llena de agua en la explotación para evitar que entre aire en el bote. Cuando se reciben las heces en el laboratorio, se separan los huevos del resto de las heces. Estos huevos se exponen a diferentes concentraciones de fármacos y, tras un periodo de incubación a 23°C, se observa si se han desarrollado larvas o los huevos se han muerto.

También existen pruebas moleculares, desarrolladas principalmente para la detección de las resistencias a los fármacos benzimidazoles.

Control de las helmintosis digestivas en lactación

Un estudio desarrollado recientemente por el Instituto de Ganadería de Montaña analizamos el efecto del tratamiento antihelmíntico sobre la producción de leche en rebaños con diferentes niveles de infección por nematodos gastrointestinales. Este estudio forma parte de un proyecto de mayor envergadura que se hizo en colaboración con la cooperativa Cobadu. El objetivo era observar cómo afectaban las infecciones de nematodos gastrointestinales en la producción de leche y, a su vez, el efecto que tenía la administración de un tratamiento antihelmíntico.

Se seleccionaron ocho rebaños para el estudio, de los que cuatro tenían eliminaciones medias de huevos entre 100 y 150 huevos por gramo en heces, mientras que otros cuatro rebaños tenían infecciones altas, en concreto por encima de 400 huevos por gramo en heces.

A continuación, se seleccionaron ovejas de leche antes del parto. En ese momento se administró un pro-benzimidaol, el netobimín, ya que lo más frecuente en ovino de leche es desparasitar antes de la lactación para no tener que desechar leche por los tiempos de espera. También interesaba confirmar la eficacia del antihelmíntico, por lo que se realizó una recogida de heces a los 14 días de administración del fármaco. Además, en los animales seleccionados para el estudio (30 ovejas por explotación divididas en grupo tratado con el fármaco y un grupo control), se midió la producción a lo largo de la lactación, expresada como kilogramos/oveja/día en cuatro momentos de la lactación para estimar la producción total de leche al final de la lactación.

El primer aspecto que se analizó fue la eficacia del tratamiento con netobimín. Tras realizar la prueba, con la excepción de una explotación, la reducción de huevos en heces fue mayor del 95%, por lo que todas las explotaciones fueron susceptibles, salvo en esa explotación que se consideró sospechosa de resistencia con un porcentaje de reducción de huevos del 92%.

Por lo que respecta a los rendimientos lecheros, se observó que el promedio de cada uno de los animales de las explotaciones que tenían niveles bajos de infección era de 226 kilogramos de leche por lactación, mientras que los de explotaciones con altos niveles se quedaban en 101 kilogramos. Los animales con niveles bajos de nematodos produjeron un 55,4% más de leche. Por lo tanto, hay una relación inversamente proporcional entre huevos en gramos de heces y rendimiento lechero.

Respecto al rendimiento lechero del grupo no tratado con respecto al grupo tratado dentro de cada explotación, en cuatro rebaños el grupo tratado produjo un 13,3% más que los no tratados, pero en las otras cuatro granjas fue el grupo no tratado el que produjo un 5,5% más. Cuando se midió el rendimiento lechero independientemente del rebaño, lo cierto es que los animales tratados con el fármaco produjeron un 5,6% más de leche al final de la lactación, aunque estas diferencias no resultaron significativas. Aplicando modelos estadísticos, la conclusión fue que el tratamiento con netobimín no influyó significativamente en el rendimiento lechero. Si se dividen las explotaciones en función de los niveles de infección, en las granjas con niveles bajos de infección, los animales tratados produjeron un 10,1% más de los que no estaban tratados. Sin embargo, en el caso de explotaciones con niveles altos de infección, fueron los no tratados los que produjeron un 2,7% más.

Conclusiones

La administración de un tratamiento antihelmíntico en ovino con bajas cargas parasitarias (100 hgh) sí puede mejorar el rendimiento lechero (hasta un 10%).

Cuando el nivel de infección es elevado durante el periparto, un único tratamiento antes del parto no mejora el rendimiento lechero significativamente, si el manejo es el mismo.

Aunque se administre un tratamiento antes del parto, si y los animales después del parto vuelven a pastar a la misma zona que donde se infectaron antes del parto, se volverán a infectar durante la lactación en esos mismos pastos. Un manejo alternativo es que los animales pasten en pastos libres de parásitos, en los que no haya habido animales durante un año o donde hayan pastado otra especie de animales. Este manejo sólo se puede realizar si se ha comprobado inicialmente que no hay resistencia antihelmíntica y el tratamiento antihelmíntico ha funcionado correctamente. En caso contrario, si el fármaco no fuera eficaz, se poblarían esos pastos con parásitos resistentes. Es por ello que una alternativa durante la lactación podría ser la administración de un tratamiento con eprinomectina para disminuir las cargas parasitarias a lo largo de la lactación, ya que no tiene tiempo de espera en leche.

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