El ordeño tradicional en pequeñas explotaciones ovinas y caprinas ha sido durante siglos una tarea manual que exigía horas de trabajo físico intenso y constante atención al manejo del rebaño. Con la expansión de la ganadería moderna, las primeras máquinas de ordeño mecánicas constituyeron un hito a mediados del siglo XX, permitiendo simular la succión natural del cordero o cabrito mediante sistemas de vacío controlados por pulsadores, reduciendo el esfuerzo humano y mejorando la higiene del proceso.
Desde entonces, la industria de las salas de ordeño ha ido incorporando gradualmente dispositivos que automatizan partes del proceso, como la detención automática del vacío al finalizar el flujo de leche, la medición individual del rendimiento o la identificación electrónica de animales con RFID para almacenar datos productivos. Estas tecnologías han demostrado reducir el tiempo de ordeño, facilitar el manejo y aportar datos esenciales para la gestión del rebaño.
Pese a estos avances, el salto hacia sistemas totalmente automatizados en pequeños rumiantes no ha sido tan intenso como en el caso de la ganadería bovina, donde los sistemas automáticos de ordeño (AMS o robots de ordeño) se comercializan desde los años 1990 y permiten el ordeño sin intervención humana en tambos medianos y grandes.
Cuando hablamos de automatización aplicada al ordeño, no nos referimos únicamente a ‘máquinas que extraen leche sin manos humanas’. El concepto engloba un conjunto de tecnologías integradas, que combinan sensores, actuadores, software de gestión y sistemas de identificación y control. Estos sistemas permiten:
En los sistemas más avanzados, se combinan tecnologías de visión artificial, robótica y algoritmos de inteligencia artificial para estimar la posición del pezón y guiar la copa de ordeño con precisión milimétrica. Esta línea de investigación ha surgido en entornos académicos y tecnológicos, aunque todavía está lejos de implementarse comercialmente en pequeños rumiantes.
Varios estudios científicos han mostrado que la introducción de dispositivos automáticos en salas de ordeño para ovejas y cabras mejora la eficiencia técnica del proceso. Entre los beneficios observados se incluyen:
No obstante, estas automatizaciones no reemplazan totalmente la necesidad de supervisión humana: el manejo de la higiene, el control de la sala de espera y la revisión de equipos siguen siendo imprescindibles para un ordeño efectivo y seguro.
Mientras que los robots de ordeño están maduros y ampliamente adoptados en sistemas bovinos, su transposición al ovino y caprino enfrenta dificultades específicas. Varias investigaciones mencionan que:
De hecho, un informe técnico destaca que la adopción de sistemas AMS en ovino y caprino ha sido tradicionalmente más lenta debido a niveles de producción más bajos, los sistemas de producción extensivos y las exigencias específicas de adaptación anatómica.
Pese a los desafíos, existen esfuerzos tanto en el ámbito investigador como en el institucional para avanzar hacia una automatización real en pequeños rumiantes.
Por ejemplo, en España, la Junta de Castilla y León ha lanzado una consulta al sector tecnológico para desarrollar un sistema de ordeño innovador y automatizado específico para ovino lechero, dentro del proyecto Aristech. Esta iniciativa pública busca identificar tecnologías basadas en inteligencia artificial y automatización adaptadas al sector.
Además, estudios previos sobre el uso de retiradores automáticos de pezoneras en ovejas Manchegas muestran cómo equipes semiautomáticos pueden mejorar la eficacia del ordeño y el bienestar animal.
En el plano académico, trabajos sobre estimación de la posición del pezón mediante cámaras RGBD y algoritmos de segmentación apuntan cómo la visión artificial puede ser un componente clave en futuros robots de ordeño.
Un robot de ordeño plenamente adaptado a ovejas y cabras cambiaría radicalmente el panorama productivo, con ganancias de eficiencia y bienestar animal:
Sin embargo, existen una serie de obstáculos económicos y técnicos:
La automatización en la ganadería de precisión continúa expandiéndose. A medida que los costes de sensores, visión artificial y robótica caen, y la inteligencia artificial madura, las barreras técnicas que hoy separan al segmento ovino-caprino del vacuno podrían desvanecerse. Lo que hoy es objeto de proyectos públicos y ensayos académicos podría convertirse en una nueva generación de sistemas robotizados accesibles para granjas medianas y, con ello, en un impulso significativo para la competitividad del sector lechero menor.
Aunque el camino es todavía largo, el potencial para mejorar la eficiencia, el bienestar animal y la sostenibilidad es indiscutible: la revolución silenciosa del robot ordeñador no ha hecho más que comenzar en los rebaños de pequeñas ubres.
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