Pablo Quílez1, Alejandro Sánchez-Fernández2, David Guallar1, Juan Carlos Gardón3, Héctor Ruiz1, Álex Gómez1, Marta Ruiz de Arcaute1, Javier Marco1, Delia Lacasta1, Joel Bueso-Ródenas2
1 Departamento de Patología Animal – Servicio Clínico de Rumiantes. Universidad de Zaragoza, Zaragoza
2 Departamento de Producción Animal y Salud Pública, Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir, Valencia
3 Departamento de Medicina y Cirugía Animal, Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir, Valencia
La patología respiratoria continúa representando uno de los principales desafíos sanitarios en la producción de pequeños rumiantes de todas las edades, tanto en sistemas intensivos como extensivos. Tradicionalmente su diagnóstico en vivo se ha basado en la anamnesis, la exploración clínica y, en ocasiones, en costosas pruebas laboratoriales. Sin embargo, la limitada sensibilidad de la exploración y la frecuente presentación subclínica de muchos procesos respiratorios dificultan una identificación precoz y fiable.
En este contexto, la ecografía pulmonar o torácica ha experimentado un notable desarrollo en los últimos años, consolidándose como una herramienta diagnóstica de gran valor en la clínica veterinaria. Su carácter no invasivo, su aplicabilidad en condiciones de campo y su elevada capacidad para detectar alteraciones pulmonares la convierten en una técnica especialmente atractiva para el veterinario clínico de pequeños rumiantes.
Al abordar un caso clínico respiratorio en pequeños rumiantes es fundamental establecer un diagnóstico diferencial en función de la edad del animal, ya que la presentación de las distintas patologías varía según el grupo de edad. En animales jóvenes deben considerarse principalmente el Complejo Respiratorio Ovino (CRO) y la neumonía gangrenosa. El CRO es un proceso multifactorial en el que intervienen bacterias oportunistas como Bibersteinia trehalosi, Mannheimia haemolytica, Pasteurella multocida y Mesomycoplasma ovipneumoniae. La interacción entre estos agentes y factores de manejo e inmunidad favorecen el desarrollo de bronconeumonías de diversa gravedad, siendo la forma crónica la más común (Navarro et al., 2019; Lloyd & Cotton, 2025). La neumonía gangrenosa, o neumonía por aspiración, originada por la entrada accidental de alimento o medicación en la tráquea, que facilita la implantación de bacterias como Trueperella pyogenes y la aparición de lesiones necrotizantes. En animales adultos, además del CRO y la neumonía gangrenosa, deben incluirse el Adenocarcinoma Pulmonar Ovino (APO), causado por el Jaagsiekte sheep retrovirus (JSRV), caracterizado por un tumor pulmonar contagioso de evolución insidiosa y desenlace fatal (Palmarini & Fan, 2001). La forma respiratoria de la lentivirosis de los pequeños rumiantes, anteriormente conocida como Maedi-Visna, genera una neumonía intersticial progresiva asociada a pérdida de condición corporal y disminución productiva (Blacklaws, 2012; WOAH, 2023). La forma visceral de la linfadenitis caseosa o pseudotuberculosis, causada por la bacteria Corynebacterium pseudotuberculosis, la cual, en su forma visceral, afecta fundamentalmente al nódulo linfático mediastínico y al parénquima pulmonar generando signos clínicos muy parecidos a la neumonía intesticial y, por último, la neumonía verminosa causada por nematodos pulmonares como Dictyocaulus filaria o Muellerius capillaris (Zafari et al., 2022). Pese a su distinta etiología, muchos de estos procesos comparten signos clínicos inespecíficos como tos, disnea mixta o adelgazamiento progresivo, lo que dificulta su diferenciación exclusivamente mediante la exploración clínica.
La auscultación del tórax, aunque imprescindible, presenta limitaciones bien documentadas en pequeños rumiantes. Las lesiones focales profundas, zonas atelectásicas o aquellas limitadas a áreas reducidas pueden no generar ruidos respiratorios anormales detectables, y la superposición de sonidos en procesos difusos dificulta la interpretación clínica (Scott et al., 2010). Además, es necesario un aprendizaje complejo previo de la auscultación del pulmón para saber diferenciar patologías. En este escenario, la ecografía pulmonar aporta una ventaja fundamental: permite objetivar alteraciones estructurales en tiempo real y correlacionarlas con patrones anatómicos específicos (Tabla 1). Aunque durante décadas se consideró que el pulmón no era un órgano evaluable mediante ultrasonido debido a su contenido aéreo, la ecografía pulmonar moderna se basa precisamente en la interpretación de los artefactos generados por la interacción entre el haz ultrasónico y el aire.
| Patrones ecográficos pulmonares | Hallazgos patológicos |
| Parénquima pulmonar homogéneo con abundantes líneas B de forma difusa | Neumonía intersticial (p. ej. lentivirosis pulmonar) |
| Ecogenicidad pulmonar heterogénea (sugestiva de consolidación), pueden aparecer signos de hepatización pulmonar (consolidación hepatoide) o broncogramas aéreos hiperecogénicos | Neumonía consolidada (p. ej. Complejo Respiratorio Ovino crónico) |
| Banda superficial hiperecogénica engrosada e irregular con o sin fibrina | Pleuritis |
| Material ecogénico entre las pleuras (filamentos o septos dentro) | Derrame pleural |
| Lesión redondeada bien delimitada, cápsula hiperecogénica con contenido anecoico-ecogénico según material. A veces, patrón en círculos concéntricos | Abscesos (pus o líquido); linfadenitis caseosa (círculos concéntricos) |
| Zonas hiperecogénicas y anecoicas dentro de una consolidación pulmonar, con o sin pared bien definida | Neumonía gangrenosa |
| Áreas hipoecoicas, delimitadas dorsalmente por una línea hiperecogénica amplia, con pérdida de continuidad de la línea pleural normal. Masa homogénea, frecuentemente localizada en los márgenes ventrales de los lóbulos pulmonares | Adenocarcinoma pulmonar ovino (APO) |
| Áreas hiperecogénicas que pueden generar sombra acústica posterior | Calcificaciones pulmonares |
| Presencia de colas de cometa o lesiones focales subpleurales únicamente en la parte dorsal de los lóbulos caudales | Neumonía verminosa |
En condiciones fisiológicas, el pulmón aireado produce un patrón ecográfico característico donde se observa la línea pleural, visualizada como una estructura hiperecogénica fina, homogénea y continua, y por las denominadas líneas A, artefactos horizontales equidistantes que reflejan la reverberación del ultrasonido. Este patrón indica adecuada aireación pulmonar. Cuando se produce una alteración, aparecen artefactos verticales denominados líneas B, que se originan en la pleura y se extienden hasta el campo profundo, donde más de dos o tres por campo se considera anormal. En situaciones de consolidación, el parénquima pulmonar pierde completamente su aspecto de contenido aéreo y adquiere una ecogenicidad similar a la del parénquima hepático, fenómeno conocido como hepatización pulmonar. Esta transformación permite visualizar directamente el tejido pulmonar afectado, identificar broncogramas aéreos (punteado hiperecogénico debido a la presencia de aire en los bronquios de la zona consolidada) y valorar la extensión de la lesión.
Desde el punto de vista técnico, la ecografía pulmonar en pequeños rumiantes es una exploración relativamente sencilla que puede integrarse con facilidad en la rutina clínica. Se recomienda el uso de equipos portátiles, cada vez más accesibles económicamente y de los que muchos veterinarios disponen para su uso en diagnóstico de gestación, equipados con sondas microconvexas o convexas con frecuencias comprendidas entre 3 y 8 MHz que se adaptan a la anchura de los espacios intercostales. En ovino adulto, una frecuencia central de 5 MHz suele ofrecer un equilibrio adecuado entre penetración y resolución. La profundidad de exploración habitual oscila entre 5 y 7 cm, ajustándose según el tamaño del animal. La preparación del paciente es mínima: el animal se explora en estación y, aunque no es imprescindible, el recorte de la lana o del pelo en los espacios intercostales mejora significativamente la calidad de imagen al optimizar el contacto acústico. No obstante, para la valoración de los espacios intercostales del segundo al quinto, correspondientes a las regiones pulmonares craneoventrales, no suele ser necesario recortar, ya que son zonas generalmente desprovistas de lana en la mayoría de las razas ovinas, pudiéndose obtener una buena visualización únicamente mediante la aplicación de gel ecográfico y/o una mezcla a partes iguales de alcohol y agua. La sistemática de exploración es un elemento clave para garantizar la reproducibilidad y evitar falsos negativos. El examen debe realizarse de forma ordenada en ambos hemitórax, comenzando en el segundo espacio intercostal y avanzando caudalmente hasta el noveno o décimo, donde suele dejar de visualizarse el parénquima pulmonar debido al desplazamiento del diafragma. En cada espacio intercostal se recomienda un barrido de ventral a dorsal, asegurando la evaluación completa de las regiones craneoventrales, especialmente relevantes en la mayoría de patologías respiratorias. La extensión craneal del miembro anterior facilita el acceso a los espacios más craneales, donde se concentran con frecuencia las lesiones bacterianas. La exploración bilateral es imprescindible, dado que algunas patologías presentan distribución asimétrica o unilateral.
En la neumonía gangrenosa (Figura 5), la ecografía adquiere un valor adicional al permitir diferenciar consolidaciones simples de lesiones necrotizantes. Las áreas afectadas muestran una ecotextura marcadamente heterogénea, con presencia de cavidades anecoicas o hipoecoicas compatibles con necrosis o acumulación de material purulento. En ocasiones, pueden observarse cápsulas bien definidas que delimitan abscesos pulmonares. Este hallazgo (Figura 6) tiene implicaciones pronósticas evidentes, ya que la presencia extensa de abscesos suele asociarse a mala respuesta terapéutica. La capacidad de identificar estas lesiones en campo contribuye a una toma de decisiones más racional, evitando tratamientos prolongados en animales con escasas posibilidades de recuperación.
En el APO, la ecografía se ha convertido en la técnica de elección para la detección ante mortem en explotaciones comerciales. En fases iniciales pueden identificarse pequeños focos subpleurales hipoecoicos asociados a alteraciones de la línea pleural. Conforme progresa el proceso tumoral, aparecen áreas más extensas de consolidación sólida que se proyectan desde la pleura hacia el interior del parénquima. Diversos trabajos han demostrado la utilidad de la ecografía como método de cribado sistemático en rebaños afectados, permitiendo la detección de animales afectados antes de la aparición de signos clínicos evidentes (Cousens et al., 2022; Scott et al., 2018). Esta capacidad resulta especialmente relevante ante la ausencia de pruebas diagnósticas serológicas fiables para esta enfermedad (Cousens et al., 2013).
La neumonía verminosa plantea mayores desafíos diagnósticos mediante ecografía debido a la localización predominante de las lesiones en regiones dorsocaudales (Zafari et al., 2022), parcialmente ocultas por la anatomía costal, el diafragma y ser, además, zonas provistas de lana. No obstante, cuando las lesiones alcanzan la superficie pleural pueden detectarse pequeñas consolidaciones subpleurales y aumento focal de líneas B. Aunque la sensibilidad global es menor en comparación con otras patologías, la especificidad es elevada, de modo que la presencia de hallazgos compatibles tiene valor diagnóstico significativo y puede complementar la información obtenida mediante los análisis coprológicos, ya que en esta patología la clínica es inaparente.
Más allá del diagnóstico individual, la ecografía representa un avance significativo en el abordaje diagnóstico de las enfermedades respiratorias en pequeños rumiantes. Su rapidez de ejecución permite explorar un número elevado de animales en un periodo reducido de tiempo, lo que la convierte en una herramienta viable para programas de cribado, sobre todo en la diferenciación de animales sanos en contraposición a los animales que presentan alteraciones pulmonares. Su integración en protocolos de control de patologías crónicas e irreversibles como lentivirosis o APO, así como en la detección precoz de casos crónicos o subclínicos de CRO, contribuye a mejorar la eficiencia sanitaria y productiva. Asimismo, la confirmación ecográfica de lesiones consolidadas respalda decisiones terapéuticas más ajustadas, favoreciendo el uso prudente de antibióticos y alineándose con las actuales estrategias de reducción de resistencias.
Es importante reconocer que la ecografía pulmonar no sustituye a las pruebas etiológicas ni detecta lesiones profundas que no contacten con la pleura o lesiones en regiones adyacentes al esternón o a la columna vertebral. Sin embargo, su elevada especificidad para consolidaciones y su capacidad para identificar alteraciones estructurales, la convierten en una herramienta complementaria de primer orden. La curva de aprendizaje, aunque existente, es asumible para el clínico de campo, especialmente cuando se adopta una sistemática de exploración estandarizada.
En conclusión, la ecografía pulmonar constituye un avance significativo en el abordaje diagnóstico de las enfermedades respiratorias en pequeños rumiantes. Su sólido fundamento fisiopatológico, su aplicabilidad en campo, su relativa facilidad de interpretación y su impacto directo en la toma de decisiones clínicas, la consolidan como una herramienta estratégica en la medicina veterinaria contemporánea. En un contexto productivo que demanda mayor precisión diagnóstica, optimización del bienestar animal y uso prudente de antimicrobianos, la incorporación sistemática de la ecografía pulmonar en la práctica clínica diaria no debe considerarse únicamente una innovación tecnológica, sino una necesidad alineada con los estándares actuales de gestión sanitaria y producción sostenible.
Referencias
Oviespaña, noticias diarias sobre el mercado nacional e internacional del ovino, investigación ganadera, alimentación y sistemas de manejo.