Román Eliseo Lechuga y Gema Arroyo
Nanta – Nutreco Iberia
Cuando hablamos de cebaderos solemos centrar la atención en lo que ocurre una vez que los animales entran en las instalaciones. Sin embargo, los datos nos demuestran que gran parte del resultado ya viene condicionado desde mucho antes.
Tras más de veinte años recopilando información y analizando resultados productivos, hemos comprobado que la calidad sanitaria de los corderos en origen determina en gran medida el éxito o el fracaso posterior del cebo. La sanidad no empieza en el cebadero; empieza en la explotación donde nace el cordero.
A ello se suma el transporte, uno de los principales factores estresantes a los que se enfrentan los animales. Cada movimiento supone un desafío fisiológico que afecta al sistema inmunitario, altera el comportamiento alimentario y aumenta la susceptibilidad frente a distintas enfermedades. Cuantos más movimientos experimenta un cordero antes de llegar al cebadero definitivo, mayores son los riesgos.
Por eso consideramos imprescindible ampliar el enfoque tradicional y analizar toda la cadena, desde la granja de origen hasta la salida de los animales al matadero. Esa es precisamente la filosofía sobre la que hemos desarrollado Bestcor.
Uno de los errores más frecuentes en la gestión de cebaderos consiste en tomar decisiones basadas únicamente en percepciones o intuiciones.
Nuestra experiencia demuestra que los datos correctamente recogidos permiten identificar problemas que de otro modo pasarían desapercibidos. Para ello es imprescindible disponer de información fiable, homogénea y mantenida en el tiempo. Los datos deben ser consistentes, comparables y suficientemente completos como para generar conclusiones útiles.
Con esta filosofía hemos desarrollado herramientas como Gesticor, que permite registrar parámetros clave como peso de entrada, peso de salida, consumos, bajas y causas de mortalidad. A partir de esta información podemos comparar la evolución de cada cebadero consigo mismo y también con referencias externas anonimizadas.
Uno de los indicadores que hemos incorporado es el denominado Coeficiente de Granja, diseñado para evaluar el impacto que tienen las explotaciones de origen sobre los resultados sanitarios del cebadero. Este índice permite identificar si las bajas se concentran en un número reducido de granjas proveedoras o si el problema se encuentra realmente en la gestión interna del cebadero.
De esta manera dejamos de trabajar con impresiones subjetivas y empezamos a tomar decisiones basadas en información objetiva.
Si existe un momento especialmente delicado dentro del cebo, ese es el periodo de transición inmediatamente posterior a la llegada de los animales.
Durante las primeras 48 a 72 horas se concentran numerosos factores de estrés que alteran profundamente la fisiología del cordero. El transporte, el ayuno, los cambios de alimentación, la mezcla de animales procedentes de distintos orígenes y la adaptación a nuevas instalaciones generan lo que podríamos denominar una auténtica tormenta perfecta.
Los animales llegan con un equilibrio fisiológico relativamente estable y, de forma repentina, deben enfrentarse a múltiples desafíos simultáneos. El resultado es un incremento del estrés, una alteración de la respuesta inmunitaria y una mayor predisposición a sufrir enfermedades.
Además, el estrés social asociado a la mezcla de lotes genera competencia por el alimento y el agua. Algunos animales se adaptan rápidamente, pero otros reducen el consumo, entran en balance energético negativo y comienzan a retrasarse desde los primeros días.
Cuando detectamos los problemas clínicamente, muchas veces ya hemos llegado tarde. Por eso el enfoque debe centrarse en la prevención y no en la reacción.
Los datos obtenidos en cebaderos muestran con claridad que el Complejo Respiratorio Ovino (CRO) continúa siendo la principal causa de pérdidas.
Alrededor del 60% de las bajas registradas están relacionadas con este síndrome y, si analizamos las lesiones presentes en animales sacrificados, el porcentaje de animales afectados es todavía mayor. En muchos casos las lesiones pulmonares ya estaban presentes antes de que los animales llegaran al cebadero.
La importancia del problema no se limita a la mortalidad. Los animales afectados presentan menores ganancias medias diarias, peores índices de conversión, mayores decomisos en matadero y una reducción significativa de la rentabilidad.
Además, numerosos corderos llegan aparentemente sanos al cebadero, pero arrastran lesiones pulmonares subclínicas que limitan su capacidad productiva. Estos animales representan un coste oculto que muchas veces no identificamos hasta que analizamos los resultados finales.
Otra de las conclusiones más relevantes es el papel que desempeña la coccidiosis en la aparición de problemas respiratorios.
Tradicionalmente se ha considerado una enfermedad digestiva, pero su impacto va mucho más allá. La inflamación intestinal y la alteración de la mucosa generan un estado de inmunosupresión que favorece el desarrollo posterior de procesos respiratorios.
Los datos muestran una clara relación temporal entre ambos procesos. Los picos de coccidiosis suelen preceder aproximadamente dos semanas a los picos de mortalidad asociados al complejo respiratorio ovino.
Por eso controlar la coccidiosis no significa únicamente reducir diarreas. Significa también disminuir el riesgo de aparición de problemas respiratorios posteriores y mejorar la eficiencia global del cebadero.
Muchas veces buscamos soluciones complejas para problemas que comienzan con aspectos muy básicos.
Uno de los objetivos prioritarios durante la recepción debe ser minimizar el estrés. Los animales necesitan tranquilidad, acceso inmediato al agua y condiciones que favorezcan una rápida adaptación. Durante los primeros días es preferible evitar manipulaciones innecesarias y facilitar al máximo el acceso a bebederos y comederos.
La calidad del agua merece una atención especial. Frecuentemente analizamos con detalle los piensos y olvidamos que un cordero consume mucha más agua que alimento. Una mala calidad del agua o un consumo insuficiente pueden comprometer seriamente los resultados productivos.
También hemos aprendido que no todas las deshidrataciones son iguales. Las pérdidas de líquidos asociadas al estrés difieren fisiológicamente de las provocadas por procesos digestivos. Por tanto, las estrategias de rehidratación deben adaptarse a cada situación concreta. Utilizar una solución incorrecta puede agravar el problema en lugar de resolverlo.
La nutrición también desempeña un papel fundamental dentro de esta estrategia preventiva.
Nuestro objetivo no consiste únicamente en formular raciones que cubran los requerimientos nutricionales. Queremos adaptar la alimentación a las circunstancias concretas de cada lote y a los desafíos sanitarios a los que se enfrenta.
La nutrición de precisión permite ajustar los programas alimentarios en función de factores como el peso de entrada, las condiciones ambientales, la procedencia de los animales o los objetivos productivos del cebadero.
Además, cada vez prestamos más atención a herramientas orientadas a mejorar la capacidad de respuesta del propio animal frente al estrés y a los desafíos sanitarios. El enfoque actual no consiste únicamente en actuar contra el patógeno, sino en fortalecer la resiliencia del hospedador para que pueda afrontar mejor las situaciones de riesgo.
Todo este conocimiento es el que hemos integrado en Bestcor.
No se trata simplemente de una aplicación informática ni de un programa nutricional. Es una plataforma integral que combina gestión sanitaria, nutrición, análisis de datos, protocolos de recepción, seguimiento productivo y evaluación económica.
La herramienta permite registrar datos de manera sencilla desde dispositivos móviles, analizar indicadores clave, generar alertas, comparar resultados y ofrecer recomendaciones adaptadas a cada situación. Tanto técnicos como ganaderos pueden acceder a información útil para mejorar la toma de decisiones.
Nuestra visión es clara: transformar el cebo de corderos en un modelo de ganadería de precisión donde las decisiones se basen en datos, donde la prevención sustituya a la reacción y donde la eficiencia sanitaria se traduzca directamente en rentabilidad. Porque el futuro de los cebaderos no dependerá únicamente de tratar enfermedades, sino de evitar que lleguen a producirse.
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