ACTAS FORO OVINO 2026 – Ponencia Syva

Impacto de la lengua azul en ovino: lo que hemos aprendido tras los brotes de 2025

José María González Sainz

DVM, PhD., Diplomate ECSRHM. Profesor asociado de la Universidad de Zaragoza. Gabinete Técnico Veterinario (GTV)

26/10/2026
Durante años hemos hablado del impacto de la lengua azul en nuestras explotaciones, pero lo cierto es que disponíamos de muy pocos datos objetivos para cuantificar realmente sus consecuencias. Sabíamos que provocaba enfermedad, abortos y mortalidad, pero desconocíamos la magnitud real de las pérdidas sanitarias y económicas que estaba generando en los rebaños españoles. Por eso impulsamos un estudio nacional basado en información recogida directamente en campo por veterinarios de explotación, con el objetivo de conocer qué estaba ocurriendo realmente y qué papel podía desempeñar la vacunación frente a los distintos serotipos implicados.
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El origen de este trabajo se encuentra precisamente en una preocupación que ya habíamos planteado anteriormente. Disponíamos de datos oficiales sobre lengua azul, pero seguíamos sin conocer cuál era el impacto real que la enfermedad estaba teniendo sobre los rebaños.

Por ello propusimos al Ministerio la realización de un estudio específico que permitiera analizar de forma objetiva las consecuencias de los brotes registrados durante 2025. Para ello fue imprescindible la colaboración de numerosos veterinarios de campo que recopilaron información directamente en las explotaciones afectadas. Sin su trabajo este estudio nunca habría sido posible.

Finalmente conseguimos validar la información procedente de 40 explotaciones distribuidas por diferentes zonas productoras. Todas ellas cumplían criterios estrictos de selección: censos superiores a 300 animales, seguimiento veterinario continuado y brotes iniciados durante los meses de julio y agosto que permitieran realizar un control adecuado de la evolución de la enfermedad.

Una de las primeras conclusiones que obtuvimos fue que los brotes duran mucho más de lo que tradicionalmente se consideraba. Aunque la bibliografía suele hablar de periodos próximos a los 60 días, observamos explotaciones donde los signos clínicos se prolongaron desde julio hasta noviembre. La lengua azul puede mantenerse activa durante muchos más meses de lo que inicialmente pensamos.

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La enfermedad provoca daños mucho mayores de lo esperado

Para evaluar el impacto sanitario analizamos cuatro indicadores principales: morbilidad, mortalidad, letalidad y tasa de abortos.

La morbilidad media superó el 28% de los animales. Es decir, más de uno de cada cuatro animales presentó signos clínicos compatibles con lengua azul. La mortalidad media superó el 6% del censo total, mientras que la letalidad alcanzó el 27%, lo que significa que aproximadamente uno de cada cuatro animales enfermos terminó muriendo. Por su parte, la tasa media de abortos superó el 7% de las hembras adultas.

Sin embargo, las medias ocultan una enorme variabilidad. Encontramos explotaciones con mortalidades prácticamente insignificantes y otras donde las bajas superaron el 24% del rebaño. Estamos hablando de cientos de animales muertos en explotaciones comerciales de gran tamaño.

Cuando analizamos las distintas categorías productivas observamos un comportamiento especialmente preocupante en los animales jóvenes. La morbilidad y la mortalidad fueron similares entre adultos, reposición y corderos, pero la letalidad sí mostró diferencias claras. Mientras que aproximadamente uno de cada cuatro adultos enfermos moría, en los corderos la letalidad superó el 42%. Prácticamente la mitad de los animales jóvenes que desarrollaban síntomas clínicos terminaban falleciendo.

Estos resultados indican que la lengua azul afecta especialmente a los animales más jóvenes, probablemente debido a una menor madurez inmunitaria y a la mayor dificultad para alimentarse cuando aparecen lesiones en la boca y la lengua.

El verdadero problema empieza después del brote

Uno de los aspectos que más me preocupaba era comprender cómo estos efectos sanitarios terminaban afectando a la rentabilidad de las explotaciones.

La enfermedad no solo provoca bajas. También reduce la producción de leche, disminuye el número de corderos comercializados, incrementa las necesidades de reposición y genera costes adicionales derivados de tratamientos, visitas veterinarias y medidas de control.

Además, aparecen consecuencias menos visibles, pero igualmente importantes. La muerte de animales de reposición obliga a retener más corderas dentro de la explotación, reduciendo las ventas. Paralelamente se ralentiza el progreso genético, ya que muchas de las hembras seleccionadas para mejorar la productividad desaparecen antes de incorporarse al rebaño reproductor.

En el rebaño medio analizado observamos pérdidas de 62 ovejas adultas y 23 corderas de reposición. Esto obligó a incrementar las necesidades de reposición en un 62% respecto a una campaña normal. En el 25% de las explotaciones más afectadas este incremento llegó al 87%. Son cifras extremadamente difíciles de asumir en un único ejercicio productivo.

Por eso considero que el verdadero impacto de la lengua azul no termina cuando desaparece el brote. Sus consecuencias se extienden durante varios años y condicionan la evolución futura de la explotación.

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Más de 50.000 euros de pérdidas en algunas explotaciones de leche

Una vez cuantificados los daños sanitarios decidimos avanzar un paso más y calcular el impacto económico real.

Para ello analizamos la información productiva y económica de explotaciones de carne y de leche, comparando los resultados obtenidos durante el periodo afectado por la enfermedad con campañas normales.

Los resultados fueron contundentes. En las explotaciones de carne las pérdidas medias alcanzaron los 36 euros por oveja adulta, mientras que en los rebaños lecheros ascendieron a 56 euros por oveja adulta.

Traducido a explotaciones reales, esto supone pérdidas próximas a 29.000 euros en un rebaño de carne de 800 ovejas y superiores a 56.000 euros en un rebaño lechero de 1.000 animales. Y estamos hablando únicamente del periodo comprendido entre agosto y marzo, sin incluir todavía muchas consecuencias que continuarán manifestándose durante los ejercicios siguientes.

Además, estos cálculos no incluyen numerosos costes indirectos como tratamientos adicionales, repelentes, formación de las nuevas reproductoras, pérdidas de progreso genético o mantenimiento de animales poco productivos que no han podido ser reemplazados.

¿Qué nos ha enseñado la vacunación frente al serotipo 3?

Una parte importante del estudio se centró en analizar la eficacia de la vacunación frente al serotipo 3, uno de los protagonistas de los brotes recientes.

Los resultados muestran una realidad compleja. La vacunación frente al serotipo 3 no impide la infección. De hecho, detectamos circulación viral en la inmensa mayoría de los rebaños correctamente vacunados. Tampoco observamos una reducción significativa de la carga viral ni de la morbilidad clínica.

Sin embargo, cuando analizamos los indicadores más importantes aparecieron diferencias muy relevantes.

La vacunación redujo la mortalidad en un 68% respecto a los rebaños no vacunados. También disminuyó la tasa de abortos en un 48%. Son reducciones muy importantes desde el punto de vista productivo y económico.

Aunque el análisis económico no alcanzó significación estadística debido al tamaño muestral disponible, observamos una clara tendencia favorable. Los rebaños vacunados presentaron pérdidas muy inferiores a las de los rebaños no vacunados, lo que sugiere que una mayor disponibilidad de datos probablemente confirmará este efecto protector.

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Lo que debemos llevarnos a casa

La principal conclusión de este trabajo es que la lengua azul ha provocado un impacto sanitario y económico mucho más grave de lo que inicialmente se pensaba.

Los daños no se limitan al periodo agudo del brote. Afectan a la reposición, al progreso genético, a la producción futura y a la rentabilidad de las explotaciones durante varios ejercicios consecutivos.

También hemos comprobado que los efectos son similares independientemente de que los brotes estén asociados al serotipo 3 o al serotipo 8. La enfermedad genera pérdidas importantes en ambos casos.

Y, finalmente, hemos aprendido que la vacunación frente al serotipo 3 no evita la infección ni elimina la circulación viral, pero sí reduce de forma significativa la mortalidad y los abortos. Puede que no impida que los animales entren en contacto con el virus, pero sí disminuye considerablemente los daños que la enfermedad provoca en los rebaños.

Por eso, cuando analizamos el problema desde una perspectiva global, la pregunta ya no es únicamente cuántos animales enferman, sino cuántos conseguimos salvar y cuántas pérdidas evitamos. Y en ese contexto, la vacunación sigue siendo una de las herramientas más valiosas de las que disponemos para reducir el impacto de la lengua azul en nuestras explotaciones.

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