DIÁLOGOS SOBRE EL TRABAJO DEL VETERINARIO DE OVINO EN LA ERA DIGITAL

CUARTA SESIÓN / Seminario SiCylvet. El veterinario de ovino en la era digital.

DELIA LACASTA Y LUIS MIGUEL FERRER. Servicio Clínico de Rumiantes del Hospital Veterinario de la Universidad de Zaragoza.

 

 

PASADO

u Delia Lacasta

Si miramos hacia atrás, en el año 2000 ya se empezaba a hablar de que el sector estaba de capa caída, que los veterinarios no iban a seguir trabajando en la especie ovina… Lo cierto es que han pasado casi veinte años y se continúa trabajando en ovino. Han cambiado los censos de animales y muchas otras cosas, y además los veterinarios nos hemos reinventado, pero por ahora conseguimos mantenernos.

Acabé la carrera de Veterinaria en el año 1995. Cuando acabé la carrera, comencé a trabajar en una finca ganadera durante siete días a la semana y 365 días al año. En aquella época, no se utilizaban móviles y sí que existían los ordenadores. El primero que toqué fue en esta finca, pero en absoluto se utilizaba para gestión, sino que lo tenía el hijo del jefe para ocio. Me sirvió en mis ratos libres para aprender a escribir a máquina, que me vino bien para el futuro.

La gestión de la explotación se hacía manual, como todo en aquella época. Se hacían fichas manuales en los que se apuntaba el número de la oveja y los datos, con los que se trataba de hacer algo de gestión dentro de las limitaciones.

Posteriormente, en 1997 comencé a trabajar en una Agrupación de Defensa Sanitaria (ADS) en el sur de la provincia de Huesca. Ahí estuve trabajando durante catorce años, pero al principio no disponíamos de móvil ni de ordenador. Se tenía un teléfono con un contestador. Se revisaban los mensajes al llegar a casa y, si había un aviso del pueblo en el que habíamos estado trabajando, nos tocaba volver.

La carencia más grande que se tenía en aquella época, que era algo que he analizado a posteriori porque entonces no éramos conscientes, fue el GPS. Tengo mala orientación y, cuando comencé a trabajar en esta zona, me encontré con ganaderos que me daban indicaciones del estilo “después de la primera higuera, está el camino a la derecha y se gira al llegar el chopo y luego se coge el camino del centro cuando se bifurca en tres”. No encontraba el rebaño y tenía que volver al pueblo para pedir ayuda para encontrar al pastor.

El acceso a la información era muy limitado. Se tenían unos cuantos libros que eran considerados como ‘biblias’, que se llevaban a todas partes. La mayoría de los libros eran en inglés, y por lo tanto de patología inglesa, que en ocasiones no tiene mucho que ver con la patología española. En mi caso, tenía la suerte de que comencé a trabajar desde el principio con Luis Miguel Ferrer y, por las noches, solía hablar todos los días por teléfono con él para tratar de solventar los problemas.

Esto que he contado es historia, pero podríamos decir en tono humorístico que lo de Luis Miguel es ‘prehistoria’.

u Luis Miguel Ferrer

Cuando acabé la carrera en 1981, uno de los aspectos más característicos es que el ganado iba por la calle. No había problemas con el resto de la población, sólo por si se juntaban los rebaños y había confusiones entre pastores.

Mi primer trabajo fue en mi pueblo, que se demostró que fue un error. Los clientes eran familia y amigos, por lo que a veces era difícil cobrar. Por lo tanto, decidimos crear el primer equipo de veterinarios libres, cuando todos eran veterinarios titulares y los colegios de veterinarios eran de ‘super-titulares’. Al meternos en ese círculo cerrado, te llamaba el comité deontológico y te podían pedir incluso la mitad de lo que habías ganado. Pero volvías a meterte en el siguiente círculo cerrado, porque era nuestra forma de vida.

Fui cambiando de especies, en una época con vacuno, luego ovino, otra vez vacuno… Poco a poco, me fui decantando por hacer clínica de ovino. Incluso, comencé a trabajar de profesor asociado para la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, tenía visitas internacionales…

Por su parte, los libros de patología eran los que regalaban los laboratorios, los que había que comprar porque lo mandaba el catedrático de turno y si no lo comprabas, no aprobabas la asignatura, y algunos que se compraban por diversos medios.

En cada casa de los españoles, y no en todas, había únicamente un teléfono. Con el teléfono, había ciertas dificultades para que otras personas te cogieran los recados. Cuando hicimos el grupo de veterinarios, nos compramos el teléfono con contestador. Además, teníamos el interrogador, que permitía llamar desde cualquier teléfono a tu contestador para que te dijera si había mensajes, sin necesidad de volver a casa. El problema que tenía el interrogador es que no te repetía los mensajes si habías tenido algún problema para oírlo. Para comunicarnos en el grupo veterinario, decidimos comprar una emisora, al estilo de la que utilizaban los camioneros. Después salió el Mensatel, que al principio sabías que te estaban llamando, por lo que tenías que devolver la llamada. En la segunda versión del Mensatel ya te salía el número desde el que te estaban llamando. Y en la tercera versión ya te dejaban mensajes por escrito, que te lo enviaban los ganaderos a través de una conversación con unas telefonistas, por lo que podía haber algunos errores en las transcripciones que te llegaban de esas conversaciones. Más tarde salió el fax, en el que incluso se podía hacer un croquis o un pequeño mapa para permitir encontrar los rebaños, además de enviar documentos. Después salieron los teléfonos móviles, aunque al principio eran muy pesados, de hasta siete kilogramos de peso. El primero que compramos en el grupo veterinario tuvo un precio de 500.000 pesetas de la época y únicamente había 500 teléfonos móviles en toda España. Sin embargo, las baterías duraban muy poco y las llamadas que podían hacerse eran caras. Al menos, el teléfono móvil permitía recibir llamadas desde cualquier sitio, lo que también era importante para ser más competitivos ante otros veterinarios. Los móviles comenzaron a bajar de peso, cada vez más pequeños, pero aparecieron los ‘smartphone’, que han vuelto a ser grandes.

Los veterinarios tenían en aquel momento un material muy básico: jeringuillas, revólver, pistola de vacunar, pistola de desparasitar… y una vara. La razón era bien sencilla. Cogíamos lo que no querían trabajar los veterinarios titulares, que podían ser las noches, los fines de semana o las campañas de fiebre aftosa con los toros bravos… por lo que la vara servía para salvar la cornada en el brazo. Entonces había muchos problemas de sarna en las explotaciones, se comenzaron a poner mangas de manejo, pediluvios en la manga…

También se comenzó a sangrar, porque no había campañas de saneamiento ganadero. Para sangrar, se utilizaba una aguja con un tubo. Se pinchaba a la oveja, sangraba y se recogía en el tubo. Coagulaba, se retiraba el suero, se tiraba el coágulo, se lavaba… y servía para la siguiente. Tampoco se cambiaban las agujas. Si había problemas en pinchar a las ovejas de cruces industriales, en ocasiones se pinchaba en la oreja. Teniendo en cuenta que las vacas tenían leucosis… Después ya salió la jeringuilla, que se iba limpiando en agua después de cada uso, hasta que ya no se clavaba y se decidía cambiar por otra.

Respecto a la electrónica, no había ningún material. Todo se apuntaba en la agenda. Para hacer informes, con calco o sin calco, se hacía con máquina de escribir. No había tanta burocracia con los papeles. Además, en los Servicios de Extensión Agraria había unas hojas que permitían hacer todo tipo de gestión. Aún serían útiles y novedosas en muchos sitios. También se daban cursos homologados del CSIC de cirugía, reproducción, inseminación artificial, mejora genética… No había cursos telemáticos y se tenían que hacer los cursos de forma presencial. Se mandaban fichas de controles, con fichas para apuntar condición corporal, temperaturas… nos mandaban fichar rellenas de los partos que había, sin necesidad de temas electrónicos. Todo eso se cogía a mano, se pasaba a otras hojas manualmente y se hacía un buen análisis para poder tomar decisiones en el futuro. Ya se hacía gestión.

Después aparecieron los ordenadores, que al principio tenían impresoras que eran muy lentas. También era muy pequeña la capacidad de memoria de los disquetes, pero ahora en un ‘pendrive’ se puede guardar más que en aquel ordenador entero. El problema es que se ha generado información que se ha guardado en algunos sitios que ya no se pueden leer por ningún ordenador.

Por otra parte, surgieron muchas jornadas y cursos, en algunas ocasiones financiadas por Europa, para explicar a los ganaderos diferentes cuestiones. No había material de apoyo para realizar esas charlas. Después salió el retroproyector, las diapositivas que posteriormente hemos tenido que escanear para poder conservarlas, el proyector, el cañón… hasta llegar al ordenador portátil, que uno se puede ir preparando las charlas por el camino. En aquella época, como no era habitual el power point, era muy efectivo.

También llegaron los diagnósticos fiables, como los de gestación. Al principio se hacía con ultrasonido… y no hacía falta ni siquiera pantalla. Después aparecieron los ecógrafos portátiles, que se llamaban portátiles porque se metían en una caja grande de madera para que no lo rompieran las ovejas, ya que prácticamente tenía las dimensiones de un coche ranchera. Su precio en el año 1987 era de 3.000 euros de ahora, pero suponía una buena inversión porque daba mucho beneficio, ya que prácticamente no había más ecógrafos en el mercado. Además, si había un 5% de fallos, los ganaderos no lo recriminaban, porque se había acertado en el 95% restante.

Por último, también había tiempo para comprarse un microscopio y hacer los análisis en granja, para sacar datos. Ya a principios de los años 80 sacábamos toda la documentación que nos enviaban los laboratorios pecuarios, se pasaban los análisis a una hoja de papel y se sacaban todas las resistencias y los antibióticos que se podían utilizar. Eso ya se hacía en los años 80, mientras que en medicina humana no se realizan habitualmente antibiogramas, pero luego lo que ocurre es que se acusa a los veterinarios de ser los responsables de las resistencias a los antibióticos.

 

PRESENTE

u Delia Lacasta

Llegamos a la era digital y la vida del veterinario mejoró… o quizás no tanto. Los tres grandes inventos del siglo, en mi opinión, son el ordenador, el móvil y el GPS.

El móvil ha evolucionado muchísimo en los últimos años, desde esos modelos grandes del principio hasta los tamaños reducidos que se llegaron a tener, mientras que con la llegada del ‘smartphone’ se ha vuelto a aumentar de tamaño hasta los que pueden considerarse ‘mini-ordenadores’ que son de uso cotidiano en la actualidad. Antiguamente, el teléfono servía para llamar, pero ahora llevamos incorporados un reloj, alarma, linterna, radio-cassette, cámara de fotos, cámara de vídeo, prismáticos, lupa, acceso a toda la información a través de Internet, GPS, diversas acciones que se realizaban antes únicamente con el ordenador, calculadora, calendario, prensa, dietario, correo electrónico… y además se puede hablar por teléfono.

Llegaron las aplicaciones y llegó el ‘whatsapp’, que al principio se utilizaba únicamente como ocio. Sin embargo, tiene una utilidad laboral muy buena. Permite el intercambio de información con compañeros clínicos o con expertos de otros lugares. En el Servicio Clínico de Rumiantes de la Universidad de Zaragoza tenemos un ‘chat’ con 20 alumnos internos del curso actual, y también otros muchos de años anteriores, además de los veterinarios. De los casos clínicos que nos van llegando, colgamos fotos y son los alumnos los que hacen los diagnósticos diferenciales, se discute, los veterinarios dan ideas de cómo ir enfocando el diagnóstico… Requiere mucho tiempo, pero considero que es muy útil para los alumnos y para los veterinarios. Además, el ‘whatsapp’ te permite conexión mundial a coste cero y de manera inmediata, por lo que se puede mantener conversaciones, intercambiar información y comentar casos con especialistas de todo el mundo sobre diversas cuestiones.

Por lo tanto, el teléfono móvil y estas tecnologías nos han permitido tener una interconexión a nivel mundial. Antiguamente, para encontrar expertos en un tema, había que circunscribirse al ámbito local, por lo que se intercambiaba información con unos pocos. Ahora se puede acceder a todos los expertos del mundo. Un ejemplo es el Colegio Europeo de Pequeños Rumiantes, que apuesta por la formación, pero lo más importante que tiene es el ‘networking’, que facilita la conexión con expertos de cualquier tema.

Por otra parte, las redes sociales pueden ser peligrosas si se utilizan mal, pero también pueden ser muy útiles. En mi caso personal, uso únicamente ‘facebook’, que me parece útil para el intercambio de información, ya que se puede enviar la información que quiero difundir y para que llegue a un número importante de personas, y para recibir la información de las páginas que me interesan.

Respecto al acceso a la información, antes se tenían unos pocos libros que se consideraban como ‘biblias’, pero ahora hemos pasado al extremo contrario. El acceso a herramientas como ‘google’ tiene sus peligros y dificultades, porque se tienen un exceso de información de tal calibre que es muy difícil encontrar la información buena. Por ejemplo, si se pone un término genérico como ‘parasitosis ovino’ en ‘google’, te proporciona 42.000 búsquedas. Pero los usuarios no pasan de las dos primeras páginas, que normalmente son los que pagan, por lo que el acceso a la información es muy limitado y no muy bueno, aunque en realidad es algo que hace todo el mundo. Luego están los buscadores científicos, que reducen mucho las búsquedas y son muy útiles. En principio, limitan a la información que está publicada en revistas indexadas y es más creíble. En este tipo de buscadores, si se pone la misma búsqueda de ‘parasitosis ovino’, ya salen 4.960 resultados. De esta forma, se tiene acceso a los artículos, que es la información más actualizada. La ciencia avanza a un ritmo espectacular y la mayor parte de los artículos se publican en estas revistas científicas, por lo que este tipo de buscadores nos permiten tener acceso de una forma más fácil a la información que se está buscando.

Por otra parte, están los libros que se publican hoy en día, que en realidad facilitan el trabajo, porque son revisiones bibliográficas actualizadas y contadas de una manera didáctica. La utilidad de los libros ha cambiado completamente, porque ahora se trata de una actualización de conocimientos de una manera sencilla y cómoda.

Finalmente, entre el móvil y el portátil tenemos toda la información y se puede hacer todo el trabajo que antes suponía una mayor dificultad.

El enfoque médico es otro de los aspectos que ha cambiado… y que va a cambiar mucho más en los próximos años, sobre todo con el asunto de las resistencias a los antibióticos y con los descubrimientos que se están realizando en los últimos años. La genómica es uno de los temas de los que más se habla en la actualidad, después de que se secuenciara completamente el ADN en humano y en el resto de las especies. Un ejemplo muy práctico de la aplicación directa de esta ciencia es el descubrimiento del Gen Santa Eulalia en la Rasa Aragonesa para la mejora de la prolificidad. Lo que antes costaba tener que realizar muchos estudios retrospectivos y genéticos, ahora ya se sabe que los animales portadores del gen mejoran la prolificidad en un índice de 0,35. Por lo tanto, facilita mucho el trabajo en la explotación. También puede tener aplicaciones en el ovino de leche y en la producción de lana, e incluso en el control de enfermedades por transmisión genética, ya que en muchas de ellas ya se sabe el origen y se puede controlar mediante la eliminación de machos portadores. Este asunto ha evolucionado mucho y lo seguirá haciendo en el futuro.

Además de la genómica, también se está trabajando en la epigenética, que es mucho más compleja, porque estudia cómo se expresan estos genes y por qué a veces lo hacen en unas células y en otras no lo hacen. Los marcadores epigenéticos son como los grandes directores de orquesta que dirigen a los genes. Considero que en los próximos años se va a trabajar mucho en este enfoque médico. Otros aspectos que se están trabajando son la proteómica, que es el estudio de las proteínas que son expresadas por estos genes, y la microbioma y la microbiota, que son los aspectos de mayor actualidad. Así, gracias a las técnicas de biología molecular, se ha comprobado que convivimos personas y animales con millones de microorganismos y que influyen de forma directa en la salud.

La formación también ha variado. Siguen existiendo los foros y los congresos, que es algo importante porque es una manera de intercambiar información y tener contacto entre veterinarios, pero cada vez se está imponiendo más los ‘webinar’ debido a su comodidad. En cualquier momento y desde cualquier sitio, se puede acceder a esta formación. Este hecho permite el acceso a expertos internacionales y desde cualquier parte del mundo se puede estar escuchando a especialistas en cualquier materia.

Respecto al diagnóstico, también ha evolucionado y lo seguirá haciendo en el futuro. Hace décadas, para el diagnóstico de la sarna se utilizaba una panocha de maíz, con la que se rascaba en el lomo a los carneros para que abrieran la boca y se comprobara el color que tenía la lengua. Desde ese tiempo, han ido implementándose nuevas técnicas en los laboratorios y una revolución radical del enfoque diagnóstico fue el descubrimiento de la reacción en cadena en la polimerasa. Con las PCR, el diagnóstico es más rápido, seguro y exacto. No limita el diagnóstico a bacterias y cultivos más tediosos y largos, sino que todo microorganismo que lleve ADN se puede diagnosticar en un tiempo rápido. Además, se puede cuantificar, por lo que se puede relacionar con la enfermedad. La parte negativa es que para cada microorganismo se tiene que emplear una técnica concreta. Se está abaratando el coste, pero lleva tiempo y dinero. Además, otro inconveniente es que en ocasiones es difícil de interpretar, porque es una técnica muy sensible y detecta aspectos que no se saben si tienen relación o no con la enfermedad.

u Luis Miguel Ferrer

En mi opinión, hay que ver a los animales y tener un diagnóstico para poder emitir una receta, ya sea manual o electrónica. Pero es imprescindible tener un diagnóstico. Sin embargo, cada vez hay veterinarios que diagnostican peor.

El diagnóstico por imagen ha evolucionado desde las máquinas de rayos X, que era tecnología del siglo pasado y que además tenía riesgos. Se evolucionó a máquinas portátiles con placas que podían limpiarse, conectadas con el ordenador… y se podían transportar. El último modelo que se maneja es un ordenador con ‘bluetooth’, un cañón de rayos X y una placa. Se dispara y las placas van directamente al ordenador y se van acumulando. Ni siquiera son necesarios cables y la placa no hace falta limpiarla, con lo que es mucho más fácil estudiar y analizar ciertos aspectos.

Los ecógrafos han evolucionado, pero sólo hemos avanzado en ciertos aspectos. Se ha pasado de los 45 días a los 28 días en el diagnóstico de gestación. Pero se pueden hacer más cosas, como el sexado de embriones o analizar patologías. Se puede trabajar con riñones, se pueden analizar nódulos en mamitis… aunque sólo sea para rentabilizar el ecógrafo. Con la tecnología ‘doppler’, ya se observan los líquidos y hacia donde avanzan, por lo que se pueden detectar, por ejemplo, mamitis gangrenosas.

Con las nuevas tecnologías, aparecen las nuevas cámaras térmicas, que también son digitales, con las que se puede detectar el calor superficial, pero no la temperatura del interior del animal. Para ciertos aspectos, como el diagnóstico de procesos superficiales o de vías respiratorias, son unas herramientas rápidas y precisas. También se puede ver la ventilación que tienen las explotaciones y las fuentes de calor en las instalaciones. Por lo tanto, estos datos se pueden utilizar en bienestar animal.

Una de las nuevas tecnologías que también puede aplicarse en ganado ovino, como hemos comprobado en el Servicio Clínico de Rumiantes de la Universidad de Zaragoza gracias a la colaboración de una clínica externa, es la realización de un TAC. Se puede observar, por ejemplo, que un animal tiene problemas en el pulmón. Además, esta tecnología ayuda a entender muchas rutinas que se hacen con normalidad. Se puede ver cosas, con cortes transversales, observando las masas, poniendo en tres dimensiones, eliminar tejidos, volver a poner tejidos… Es una gran herramienta para el diagnóstico y para saber lo que está pasando en los animales, incluso mucho mejor que la necropsia. Además, cuando se hacen pruebas, no hace falta que los animales estén muertos para saber si el tratamiento está funcionando o no. Se puede realizar un seguimiento a lo largo del tiempo para observar la evolución. Se puede observar, por ejemplo, que un animal no engorda porque no come bien… y tiene una periodontitis, que es mucho más frecuente de lo que pensamos. También se pueden ver abcesos de linfadenitis caseosa, que se sitúa dentro del animal y presiona el esófago, por lo que se puede intuir la enfermedad que se tiene en el rebaño. También se puede localizar un abceso y, desde unos puntos fijos, hacer mediciones. Otra cosa que se puede hacer es buscar con una aguja una muestra de un proceso interno dirigido directamente, aunque sean tejidos duros lo que se sitúan alrededor. Otra aplicación que estamos realizando es con el mosquito ‘Oestrus ovis’, ya que hacemos microtomografías para observar que no tienen boca y no pueden comer, por lo que no tienen aparato digestivo, por lo que la mosca tiene la única función de reproducirse y lanzar larvas al exterior. Estos descubrimientos se podrán aplicar en el futuro y, si se consigue que no evolucione el aparato digestivo, durará menos tiempo.

Un paso más es la resonancia magnética nuclear, que nos permite observar los tejidos blandos, especialmente la grasa, y hemos observado que las vacas y las ovejas tienen unas almohadillas plantares de grasa que no conocíamos. Por lo tanto, no sabíamos cómo se distribuía el peso ni entendíamos las cojeras del posparto de las ovejas y las vacas, que están relacionadas con el balance energético negativo del posparto y con la disminución del tamaño, grosor y calidad de la almohadilla plantar del animal. La gran ventaja es que estos aspectos se puede observar con el animal vivo.

u Delia Lacasta

Si la vida del veterinario ha cambiado y ha mejorado en muchos sentidos en los últimos años, la vida del ganadero también ha cambiado y ha mejorado, aunque no tanto hasta ahora, sino que probablemente lo hará más en el futuro.

La identificación ha cambiado radicalmente. Hace unos años, los animales se marcaban de forma conjunta en la oreja para que los ganaderos reconocieran simplemente que eran animales suyos. Los ganaderos más adelantados llevaban los collares con números individuales para llevar su propio control, mientras que los productores que estaban en libros genealógicos comenzaron con el tatuaje para el control individual de las ovejas, que era lo más permanente posible. Después fueron apareciendo los crotales, en la actualidad con el número individual de explotación y el número de la oveja.

La gran revolución fue la identificación electrónica, con el caso del bolo ruminal en ovejas. Lo que más ha mejorado la identificación electrónica es la trazabilidad y la seguridad de los datos que se toman, porque antes se cometían muchos errores porque los crotales podían estar sucios o rotos. También ha contribuido a mejorar el bienestar animal, porque no se tiene que manipular a los animales, sino que se puede leer el bolo a cierta distancia. Ha mejorado la recogida de datos, que en ovino de carne permite anotar todo lo referente a los partos, mientras que en ovino de leche permiten el control individual de producción lechera, administración de pienso en función de la producción…

Las mangas de manejo electrónica permiten poder elegir los animales que se quieren separar, por lo que advierten con una señal acústica cuando pasan los animales que hemos elegido separar. Además, las mangas electrónicas de los cebaderos y los centros de tipificación clasifican los animales por su peso, sexo…

Estamos realizando unas pruebas en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza para no tener que pesar a los corderos, sino que realizando fotografías y con un programa informático, se podrá saber el peso del animal en función de su condición corporal, lo cual facilitará el manejo.

En el pastoreo dirigido, que sigue siendo muy importante en las explotaciones extensivas de ovino de carne, es imprescindible la mano de obra, que es uno de los grandes inconvenientes que tiene en la actualidad el sector. Este problema se solucionó en parte en los últimos años cuando se introdujo el pastoreo eléctrico, pero sigue siendo complicado. Considero que en este campo es en el que se van a introducir los cambios más importantes en el futuro.

 

FUTURO

u Delia Lacasta

Los drones tienen utilidad en pastoreo de ovino y ya es una realidad en algunos países como Australia o Nueva Zelanda. Este sistema puede tener sentido en zonas muy amplias y extensas, o también en zonas de montaña, porque estos pequeños aviones con cámara incorporada que se dirigen a distancia pueden llegar a zonas de difícil acceso para comprobar cómo están los animales o el pasto en esas zonas. Incluso se pueden utilizar como pastor. El dron ejerce la misma función que un perro, ya que se acerca al rebaño y lo dirige. Las ovejas temen a ese aparato que hace ruido. Supongo que las ovejas se acostumbrarán finalmente a ese ruido y a las molestias, pero se pueden buscar soluciones. La realidad es que en zonas muy amplias y extensivas de Australia y Nueva Zelanda ya se está utilizando.

Por otra parte, está el pastoreo virtual, que en mi opinión puede ser muy útil en el futuro. Se está probando ya en España, en concreto en la zona del Pirineo y en el País Vasco, y consiste en que el ganadero puede delimitar desde su móvil un perímetro virtual en el que quiera mantener a las ovejas. Los animales irán provistos con un collar GPS, que puede que más adelante vaya introducido en el bolo. En el caso de los grandes animales, como vacas y caballos, son collares individuales. En el caso de las ovejas, por su espíritu gregario, se puede hacer con unas pocas ovejas, lo que además ayuda a que no encarezcan los costes. Cuando el animal que lleva el collar se acerca al perímetro virtual que se ha delimitado, recibe una llamada de atención en forma de diferentes métodos que se están probando, como puede ser una descarga eléctrica, un chillido del pastor grabado, un ladrido… Si se perfecciona, puede ser una muy buena solución para el problema de la mano de obra en el pastoreo.

u Luis Miguel Ferrer

Respecto al futuro para los veterinarios, con el teléfono y el ordenador se podrán realizar diagnósticos. Hace años era impensable meter una cámara de vídeo o un ordenador dentro de un teléfono, por lo que no es complicado pensar que en el futuro tengan incorporado un aparato de rayos X, un ecógrafo o un termógrafo. Así, el veterinario se podrá acercar con el teléfono al animal, la aplicación empezará a sacar imágenes de tomografía computerizada, visión tridimensional, se podrán eliminar las partes accesorias que se han recogido del medio ambiente, se girará la imagen para observarla mejor… por lo que se observará con mayor claridad el diagnóstico.

En cualquier momento, también se podrá contar con un bolígrafo termógrafo, con el que se tocará e irán pasando las imágenes al móvil. Probablemente los móviles serán de grafeno, por lo que no serán rígidos. Incluso saldrán pantallas holísticas para saber cómo evoluciona, por ejemplo, un parto. La vida del veterinario probablemente mejorará. Imaginando también el futuro, los coches se convertirán prácticamente en oficinas.

Respecto a la identificación, probablemente habrá bolos ruminales que midan la temperatura interna del animal, el pH del rumen, la fermentación para saber si faltan hidratos de carbono… Se podrá ir a un cebadero y saber los animales que no han ido a comer tantas veces como estaba programado porque tienen fiebre. Entonces, el dron irá volando por encima del animal y marcará con spray a las ovejas que estén enfermas. Estoy convencido de que todos esos aspectos se irán viendo con el paso del tiempo. También tendremos cámaras para poder ver desde casa si hay animales de parto.

El asunto pendiente es que todo tiene que pasar por la receta. Y la receta debería pasar por el diagnóstico. El problema es que los veterinarios estamos fallando en el diagnóstico. Sea o no sea electrónica la receta, el mayor inconveniente puede ser que se hagan peores recetas si se hacen peores diagnósticos. La receta electrónica es una herramienta muy buena o muy mala, y puede solucionar muchos problemas que se han ido dando en la profesión en los últimos años, pero todo ello será en función del uso que hagan los veterinarios.

La tecnología es muy importante, pero también hay que plantearse qué hacer si falla la tecnología y te deja tirado. En esos casos, cuando el veterinario se queda en medio de la nieve y no tiene acceso a la tecnología, tienen utilidad el mechero, las cerillas y la navaja. Y si el veterinario trabaja en una zona dura, no está de más la pala y el hacha, para poder despejar el camino si hay problemas con la nieve. Y si no es así, cuando yo comencé a trabajar en la zona de Carranza, te daban en el kit del veterinario, además del mechero, las cerillas, la navaja, el hacha y la pala, una botella de coñac o de whisky… por si te quedabas tirado.

 

 

 

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