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Incidencia de la proporción de maíz sobre la degradabilidad in situ de heno de alfalfa en dietas para caprinos

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Arias, Ruben O.1,3; Maria G. Muro1; Carlos A. Cordiviola1; María S. Trigo1; Mario Brusa2; Raúl A. Lacchini1

1Curso de Introducción a la Producción Animal, Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, Universidad Nacional de La Plata. 60 y 119 s/n. CP: 1900;

2Curso de Enfermedades de Felinos y caninos. Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad Nacional de La Plata. 60 y 118 s/n. CP: 1900;

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El objetivo del presente trabajo fue evaluar la incidencia de la proporción de maíz molido, sobre el pH ruminal, la degradabilidad in situ de la materia seca (MS) y de las fracciones de la pared celular del heno de alfalfa. Se utilizaron cabras cruzas criolla con Anglo Nubian fistuladas(n=8). El diseñó consistió en un cuadrado latino (4x4) replicado. Las dietas fueron heno de alfalfa 100% (D0); heno de alfalfa y maíz molido 70/30 (D1); 50/50 (D2); 40/60 (D3). El consumo de MS se ajustó al 3% del peso vivo. Se determinó el pH ruminal y la degradabilidad in situ de la MS, de la fracción fibra detergente neutro (FDN) y fibra detergente ácido (FDA) del heno de alfalfa a las 24 y 48 h. Las áreas bajo las curvas de pH aumentaron linealmente con la concentración de maíz molido en la dieta (p< 0,05) y los tratamientos D2 y D3 difirieron de D0 (p< 0,05). La degradabilidad in situ de la MS del heno de alfalfa aumentó linealmente con la concentración de maíz molido (p< 0,05) a las 24 h de su incubación, igualándose a las 48 h (p>0,05). El aumento de maíz molido provocó una disminución lineal de la FDN y FDA a las 48 h (p<0,05), no observándose diferencia a las 24 h de su incubación (p>0,05). La utilización del almidón aportado por el maíz molido como fuente energética, produjo disminución del pH ruminal y menor utilización de la FDN y FDA.

INTRODUCCIÓN

 La intensificación de los sistemas de crianza ha aumentado la incidencia de disturbios nutricionales y metabólicos relacionados a una inadecuada alimentación. Las modificaciones en los hábitos alimenticios de los rumiantes en los sistemas intensivos pueden causar disturbios fermentativos tal como la acidosis ruminal (Afonso, 2005). A su vez, cuadros de acidosis ruminal subaguda han sido diagnosticados en rebaños lecheros y la mayoría de los casos están asociados a problemas en el manejo nutricional de los animales (Noro et al., 2010).

El pH ruminal está influenciado por el tipo de alimento consumido y su estabilización es regulada por la saliva debido a su alto poder tampón (Owens & Goetsch, 1988; Van Soest, 1994). La secreción de saliva se incrementa debido a la masticación y la rumia, procesos favorecidos por el estímulo físico ejercido por las partículas groseras sobre la pared ruminal (Harfoot, 1981; Hoover & Stokes, 1991). La reducción del pH ocurre, principalmente, luego de una rápida digestión del alimento acorde a su tasa de degradación, siendo su valor más bajo entre las 0,5 y 4 horas posteriores al suministro del alimento (Ørskov, 1986). Los granos de cereales molidos provocan a nivel ruminal, una secreción de saliva insuficiente para mantener los valores de pH entre 6 y 7, así como un bajo estímulo de la motilidad ruminal (Gonçalves et al., 2001).

El factor de mayor importancia que parece explicar las diferencias de digestión entre los diferentes granos de cereales es la matriz proteica que envuelve los gránulos de almidón. La velocidad de degradación ruminal de la proteína de la matriz determina la velocidad de hidrólisis del almidón, ya que la superficie de almidón en contacto con las amilasas aumenta a medida que esa matriz es degradada (Satter 1986; Stern et al., 1994; Mc Allister et al., 1990) y, la menor degradabilidad del maíz y el sorgo, en comparación con otros granos de cereales, se debe a la resistencia del germen, al endosperma córneo, a la colonización bacteriana y a su posterior digestión.

La suplementación con concentrados energéticos, en animales que consumen pastos de baja calidad mejora las condiciones del ambiente ruminal, la degradabilidad ruminal de los alimentos, la eficiencia de la actividad fermentativa y la síntesis de proteína microbiana, mejorando el consumo del alimento base y la respuesta productiva de los rumiantes (Hoover et al., 1991; Ramos, 2005; Vergara et al., 2006 y Suárez et al., 2007).

Elías (1983) y Ramos (2005) demostraron que al incrementarse el consumo de concentrado energético rico en almidones, el valor de pH ruminal puede ser inferior a 6. Con este valor de pH ruminal, comienza a verificarse una disminución en la digestión de la fibra y desarrollo microbiano (Milleo et al.,2006). Cuando el pH es inferior a 5,8 se produce un incremento en la población de Streptococcus bovis y en la concentración de ácido láctico, provocando una acidosis subaguda.

Cuando el pH disminuye de un valor de 5,5 se produce acumulación de lactato, muerte bacteriana y liberación de endotoxinas, desencadenándose la etapa aguda de la acidosis (Krause & Oetzel, 2006).

En un estudio realizado en bovinos, utilizando una dieta a base de silo de cebada con y sin residuos de destilería del grano de trigo, en el que se midió el pH ruminal y la degradabilidad in situ de la FDN del silo de cebada a las 24 h y 48 h pos incubación ruminal, se observó que la degradabilidad a nivel ruminal de la FDN del silo de cebada, a las 48 h fue significativamente menor en la dieta que contenía el residuo de destilería que en la dieta sin dicho residuo (Li et al., 2011). Por otra parte, en cuanto a las mediciones de pH ruminal, observaron que los valores mínimos para este indicador se situaron en 5,10 y 5,11.

En otra experiencia con corderos alimentados con cama de pollo y harina gruesa de maíz en distintas proporciones, del 21 al 48%, Nouel et al. (2011) no observaron diferencias significativas en los valores de pH ruminal entre tratamientos, que no alcanzaron valores indicativos de acidosis, porque fluctuaron entre 5,97 y ,99 con el menor y mayor porcentaje de harina de maíz en la dieta, respectivamente. Sin embargo, la dieta con menor cantidad de harina gruesa de maíz arrojó valores significativos máximos de consumo total de materia seca.

Cuando en una dieta se incrementa la FDN,  generalmente aportado por el forraje, aumenta el pH del rumen como resultado del mayor número de masticaciones y producción de saliva (García & Kalscheur 2006). Cuando los rumiantes se alimentan con fuentes proteicas como las leguminosas, algunas de las cuales presentan proteínas solubles altamente degradables en el rumen, es necesario garantizar la energía suficiente para que se produzca la adecuada síntesis de proteína microbiana (Mosimanyana, 1992; Ramos et al., 1999 y Molina et al., 2003). Estudios in vivo (Herrera-Saldana et al., 1990; Aldrich et al., 1993) e in vitro (Russell et al., 1983), indican que el crecimiento bacteriano es máximo cuando las tasas de fermentación del almidón y la proteína están equilibradas. De Peters et al. (1992), a su vez, sugirieron que sería importante equilibrar las tasas de degradación en el rumen de los carbohidratos y proteína de la dieta, para optimizar el crecimiento microbiano y la digestión ruminal.

El objetivo del presente trabajo fue evaluar la incidencia de la proporción de maíz molido, sobre el pH ruminal, la degradabilidad in situ de la materia seca (MS) y de las fracciones de la pared celular del heno de alfalfa.

(…)

CONCLUSIONES

 Si bien el nivel de suplementación con grano de maíz molido modificó el pH ruminal, la acción conjunta de la magnitud del descenso y su duración expresada a través del área bajo la curva, no fueron suficientes para manifestar síntomas clínicos de acidosis. El aumento del almidón, aportado por el creciente porcentaje de maíz molido de las dietas, pudo haber generado un balance de energía/proteína favorable para el desarrollo de la microflora ruminal, habiendo una mayor degradabilidad de la materia seca total del heno de alfalfa en detrimento de la fracción fibra.

Para consultar el conjunto del trabajo pinche el siguiente enlace

 

http://www.agro.unlp.edu.ar/uploads/R/vol_112_2/RevAgro_112_2__62_67.pdf

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